(NOTA: Mientras discurre la cumbre de París sobre el clima (que analizaremos la semana que viene) recupero una serie de dos artículos de 2013 (juntándolos en uno solo) cuya idea subyacente vuelve a la actualidad: ¿hasta qué punto se legisla basándose en accidentes, sin pensar en el largo plazo? Los artículos fueron publicados originalmente en mi antiguo blog Esqueria en julio de 2013: Parte I y Parte II.)

Repensar el doble casco (1)

Hace casi un año leí esta noticia. Estuve buscando información en las fuentes originales, pero no encontré nada más allá de la propia noticia de que el gobierno había abierto un proceso de concurso para realizar un estudio sobre la bondad real de los barcos de doble casco (el título era “Study on the Safety, Economic and Environmental Issues of Vessels with Double Hulls”, esto es, “Aspectos económicos, medioambientales y de seguridad en los buques con doble casco”). La justificación que se daba para abordar el estudio era tratar de establecer hasta qué punto es adecuado el doble casco (en términos de prevención de vertidos) frente al incremento de potencia que demandan los cascos más pesados, ya que este incremento de energía hace aumentar, en último término, la polución del aire. La convocatoria fue cancelada apenas dos meses después, alegando falta de fondos y falta de interés (parece que nadie se presentó al concurso, aunque en algunos artículos que he leído afirman que la poca información que dio el Gobierno, y el corto plazo (12 meses) para realizar el estudio, ayudaron a ello).

En toda la industria naval parece haber consenso en que, gracias a la normativa que obliga a que los petroleros tengan doble casco, se han conseguido buques más seguros y, por tanto, una mejor protección del medio ambiente marino, con la prevención de vertidos como bandera. No parece que nadie quiera abrir un debate alrededor de si hay que poner la contaminación ambiental en general (que siempre existe, y para la que habría que estudiar hasta el más mínimo detalle la huella de carbono asociada a un petrolero) por encima de la prevención para evitar contaminaciones en caso de accidente (y por tanto eventual).

10 ExxonValdez
El Exxon Valdez; imagen de dominio público, obtenida aquí.

En cualquier caso, la noticia me sirve como excusa para una digresión acerca de cómo los problemas y las prioridades, y por tanto las políticas de los gobiernos, cambian en función de dónde sopla el viento.
(Antes quiero recordar que la obligatoriedad de los petroleros de doble casco viene legislada por la IMO (Organización Marítima Internacional), que no hizo más que transponer la normativa americana “Oil Pollution Act” de 1990, adoptada después del accidente del Exxon Valdez en Alaska. Un conciso resumen de toda la normativa aplicable a los petroleros se puede leer aquí, en inglés).

Repensar el doble casco (2)

Como continuación al punto anterior, escribí un texto largo y creo que interesante alrededor del ahorro de energía y de las legislaciones, pero me di cuenta de que resultaba infumable. Lo podría resumir en unos cuantos puntos:

  1. Una rápida cronología: desastre del Exxon Valdez > Oil Pollution Act de 1990 en EEUU, dictando la obligatoriedad del doble casco en petroleros > la IMO adopta esta legislación > hundimientos del Erika y el Prestige > se decide adelantar el período transitorio para adaptar o retirar los petroleros de casco sencillo.
  2. La secuencia anterior, y otras similares a lo largo de los (por lo menos 100 últimos) años, nos hacen concluir que se legisla a golpe de tragedia. A veces con buen criterio.
  3. Actualmente, la preocupación prioritaria de los gobiernos occidentales es el cambio climático, en particular la emisión de gases que provocan el efecto invernadero. Todo vale para fingir que se hace algo; incluso plantearse si merece la pena un retroceso en un sentido (menos seguridad frente a vertidos de hidrocarburos al mar) para ganar en otro (disminución de las emisiones). Es aquello de la manta que o te tapa la cabeza o te tapa los pies.
  4. Lo deseable sería que cualquier decisión estuviera basada en estudios analíticos, que permitieran concluir de una manera precisa qué opción es mejor. ¿Cuál debería ser el alcance de estos análisis? Más adelante volveremos sobre ello. Lo que no es lógico, desde luego, es que la mano derecha busque políticas de disminución de emisiones, mientra la mano izquierda subvenciona el carbón que queman las centrales térmicas.
  5. Dicha clase de estudios analíticos, que por definición deberían ser objetivos y rigurosos, en general brilla por su ausencia (en cualquier ámbito). También es verdad que este tipo de políticas requiere de unas estrategias (esto es, pensar en el largo plazo) definidas; todo lo contrario de las tácticas cortoplacistas que son el pan nuestro de cada día en casa de los políticos. Pero la manera actual de hacer política necesitaría de otro post; o un blog para ella sola; o una internet entera…
  6. El tema de la reducción de emisiones hace años que está en el candelero en el sector naval. Y en los últimos años la moda es buscar maneras de reducir el consumo de fuel – tanto por el ahorro directo que esto supone, como por la disminución de emisiones debidas a los motores. De ahí el desarrollo de motores híbridos, cometas, placas solares, generadores eólicos, baterías de todo tipo… Se hacen los deberes con creces, y ello pese a la legislación cada vez más restrictiva respecto a las emisiones. Pero este también es tema para otro post.

Imagen de portada, con licencia CC, obtenida aquí.


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